Deja que tus oídos oigan lo que
quieren oír
I
“Deja
que tu mente piense lo que quiere pensar”, me dijo mi psicóloga, así que allí
fui.
Cuando
llegué, ella estaba en la mecedora,
con
cara de pocos amigos.
“Vengo
del psicólogo”, le dije.
Ella
no respondió.
Sólo
se balanceaba mientras miraba la ventana,
Como
esperando su fin sin ímpetu.
Y
allí dejé a mi mente, pensando en lo que ella quisiera pensar.
II
Subí
lentamente hasta la habitación.
Ella
yacía en la cama, con una sábana blanca que apenas cubría su costado.
La
vi bella, sonriente y tierna.
Con
la certeza de la ternura y la humildad en su rostro.
Con
la alegría del futuro incierto esquivando las bellas cicatrices de su piel.
La
abracé y me amó.
“Mi
emoción”, le susurré…
I
Deixa que a túa mente pense o que quere pensar?, díxome a miña psicóloga, así que alí fun.
Cando cheguei, ela estaba na mecedora,
con cara de poucos amigos.
Veño do psicólogo?, díxenlle.
Ela non respondeu.
Só se balanceaba mentres miraba a xanela,
Como esperando o seu fin sen ímpeto.
E alí deixei á miña mente, pensando no que ela quixese pensar.
II
Subín lentamente ata a habitación.
Ela xacía na cama, cunha saba branca que apenas cubría o seu costado.
A vi bela, riseira e tenra.
Coa certeza da tenrura e a humildade no seu rostro.
Coa alegría do futuro incerto esquivando as belas cicatrices da súa pel.
Abraceina e amoume.
"A miña emoción," rumoreeille...
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