lunes, 22 de agosto de 2016

Deja que tus oídos oigan lo que quieren oir

Deja que tus oídos oigan lo que quieren oír

I
“Deja que tu mente piense lo que quiere pensar”, me dijo mi psicóloga, así que allí fui.
Cuando llegué, ella estaba en la mecedora,
con cara de pocos amigos.
“Vengo del psicólogo”, le dije.
Ella no respondió.
Sólo se balanceaba mientras miraba la ventana,
Como esperando su fin sin ímpetu.
Y allí dejé a mi mente, pensando en lo que ella quisiera pensar.

II
Subí lentamente hasta la habitación.
Ella yacía en la cama, con una sábana blanca que apenas cubría su costado.
La vi bella, sonriente y tierna.
Con la certeza de la ternura y la humildad en su rostro.
Con la alegría del futuro incierto esquivando las bellas cicatrices de  su piel.
La abracé y me amó.
“Mi emoción”, le susurré…

Deixa que os teus oídos oian o que queren oír

I
Deixa que a túa mente pense o que quere pensar?, díxome a miña psicóloga, así que alí fun.
Cando cheguei, ela estaba na mecedora,
con cara de poucos amigos.
Veño do psicólogo?, díxenlle. 
Ela non respondeu.
Só se balanceaba mentres miraba a xanela,
Como esperando o seu fin sen ímpeto.
E alí deixei á miña mente, pensando no que ela quixese pensar.

II
Subín lentamente ata a habitación. 
Ela xacía na cama, cunha saba branca que apenas cubría o seu costado.
A vi bela, riseira e tenra.
Coa certeza da tenrura e a humildade no seu rostro.
Coa alegría do futuro incerto esquivando as belas cicatrices da  súa pel.
Abraceina e amoume.
"A miña emoción," rumoreeille...







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