Nació
sencilla, pequeña, humilde.
Pero
fue creciendo con los mejores cuidados de su madre,
la
Gran Burbuja,
experta
en la vida de las burbujitas.
Cuando
la burbujita se decidió a viajar,
nadie
suponía cuál iba a ser su fin.
Encontró
tierras de fuego,
que
inflamaban una y otra vez sus finas paredes,
a
punto de explotar.
Cuánto
anhelaba el frío!
Pasó
por tierras húmedas y oscuras,
donde la negritud teñía a la burbuja de una
pesada capa plomiza.
Cuánto
anhelaba un poco de movimiento!
En
otros lugares, el viento la hizo sentir a merced de sus caprichos
y
echó enormemente de menos la quietud.
Cruzó
acantilados tan estrechos que sólo anhelaba libertad.
Llegó
a sitios tan fríos que su pared de burbuja amenazaba quebrarse.
Lloró
tanto la ausencia de calor!
Un
día alegre de primavera a aposentó sobre la hierba, buscando la calma.
Una
gota de rocío le devolvió su imagen.
Se vio crecida, marcada por el polvo y los
cambios, pero se vio bella.
A burbujita
Naceu
sinxela, pequena, humilde.
Pero
foi crecendo cos mellores coidados da súa nai,
a
Gran Burbulla,
experta
na vida das burbujitas.
Cando
a burbujita decidiuse a viaxar,
ninguén
supoñía cal ía ser o seu fin.
Atopou
terras de lume,
que
inflamaban unha e outra vez as súas finas paredes,
a
piques de explotar.
Canto
anhelaba o frío!
Pasou
por terras húmidas e escuras,
onde a negritud tinguía á burbulla dunha
pesada capa plomiza.
Canto
anhelaba un pouco de movemento!
Noutros
lugares, o vento fíxoa sentir a mercé dos seus caprichos
e
botou enormemente de menos a quietude.
Cruzou
cantís tan estreitos que só anhelaba liberdade.
Chegou
a sitios tan fríos que a súa parede de burbulla ameazaba crebarse.
Chorou
tanto a ausencia de calor!
Un
día alegre de primavera a aposentó sobre a herba, buscando a calma.
Unha
pinga de rocío devolveulle a súa imaxe.
Viuse crecida, marcada polo po e os cambios,
pero viuse bela.
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